Desde el día que te vi me enamoré de ti,
me enamoró tu olor,
me enamoró tu cara,
me enamoró tu ser.
Me enamoré del olor que te rodea
ese olor a marisma, amor y fe.
Me enamoré de tu cara morena,
del color del polvo de la ralla
que me roza la piel cuando voy en tu busca.
Me enamoré de tu ser,
lleno de paz, misericordia y pasión.
Pero lo que más me enamoró fue tu magia
esa magia que llena todas las esquinas de tu templo,
todos los rincones de tu aldea.
Esa magia que se cuela en los corazones
de todas las personas que allí estamos para verte.
Esa magia irracional que me llena completamente el alma
y me ciega de tal modo, que solo te veo a ti.
¡VIVA LA VIRGEN DEL ROCÍO!
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